Andamana — La Guardiana del Origen
(Relato inspirado en la tradición simbólica canaria)
Hace mucho tiempo, cuando las montañas de Gran Canaria todavía hablaban con el viento y el océano guardaba secretos antiguos, existía una mujer de la que apenas quedaban palabras, pero sí memoria.
Su nombre era Andamana.
Decían que no era reina ni guerrera en el sentido de las armas. Era algo más antiguo: la guardiana del equilibrio, la que conocía el lenguaje de las cuevas, el movimiento de las estrellas y el momento exacto en que la tierra debía descansar.
Vivía cerca de la gran cueva madre, donde el pueblo acudía para recordar quién era. Allí, entre piedra y silencio, Andamana enseñaba que un pueblo fuerte no nace del combate, sino de conocer sus raíces.
Cada amanecer encendía un pequeño fuego y reunía a familias enteras alrededor de las llamas.
—Escuchad el viento —decía—.
Porque quien olvida de dónde viene, deja de saber hacia dónde camina.
Con el paso de los años llegaron tiempos difíciles. Algunos comenzaron a olvidar las historias antiguas y quisieron abandonar los caminos de sus mayores.
Entonces Andamana subió sola hasta lo alto de la montaña.
No habló.
No luchó.
Solo apoyó las manos sobre la roca.
Y cuentan que el viento cambió.
El eco recorrió barrancos, costas y cuevas, y cada persona recordó algo que creía perdido: el olor del hogar, la voz de sus abuelos, el sonido del mar al atardecer.
Desde entonces, dicen que Andamana desapareció.
O quizá nunca se fue.
Porque cada vez que alguien en Canarias siente orgullo tranquilo por su tierra, comparte una comida en familia, protege su entorno o mira el océano y siente que pertenece a algo más grande… allí sigue Andamana.
No como diosa de la guerra.
Sino como Guardiana del Origen y símbolo de la fuerza serena.
Y porque las raíces profundas son las que sostienen el futuro.

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